Para mi santa Lucía
En el oscuro cosmos interior mío
plagado de demonios y hojas muertas
un niño escondido ente tinieblas
ruega por vivir en duermevela.
Imagina que dormidos los violentos
seres que habitan este ambiente
dejarán de torturarle, atormentarle
y llenar de odio y mal su mente.
Un ángel se muestra compasivo
y cual Ave Fénix se abalanza
a recoger al infante desvalido
y prodigarle amor entre sus alas.
El cielo fúnebre se ilumina entonces
con esta luz boreal, la luz divina
que enciende con pasión los corazones
y un alma salva de la ruina.
Por siempre irán volando entre las flores
entre trinos y cantos de esperanza
la luz y aquel niño que se abraza
para unir así sus corazones.
Mácrom

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Un silencio acogedor, salpicado por trinos de pájaros, cantos de cigarras, rumor de acequias y susurros de viento en las retamas.