Letras Mías

Brillaba

Solía entrar y sus ojos alumbraban el espectro lúgubre con su andar festivo lograba mitigar los silencios sin decir nada, el mundo gritaba ¡Fiesta! una sonrisa apagaba las llamas de infierno y avivaba otras pasión y carne levedad y sed poesía y hambre Fue un año y medio nomás, pero alcanzaron la inmortalidad. sus caderas… Sigue leyendo Brillaba

Letras Mías

Claudica

El sol no volverá a salir por el horizonteLos llantos no se secaránRíos de sangre La muerte ocupa el trono de la ciudadRatas, langostas, cucarachasLa guerra está presente En los llanosuna pelota desinfladaResalta entre los matorrales secos Nidos vacíosAves muertas tapizan el asfaltoLas sirenas sonarán hasta la eternidad Muere(Una voz me susurra al oído)Calla(Retumba, ordenando… Sigue leyendo Claudica

Letras Mías

Santuario. Por Pablo Saldaña

Fotogrammas

CUENTO

Por Pablo Saldaña.

Fotos: Barry Domínguez.

SANTUARIO

La sangre inundaba por completo el suelo de la habitación de Gabriel. Sobre la pared, trozos de piel secándose. La escena se repetía en todo el departamento. La cocina, la salita y el baño estaban llenas de rojo carmesí en el piso y pieles pegadas a los muros.

Esa mañana, Gabriel había salido temprano al notar que faltaba un tramo de la pared del pasillo que conectaba la sala y su cuarto sin cubrir. Tenía que salir temprano si quería obtener buena materia prima.

***

Leonardo rescató al joven que estaba a punto de ahogarse. Lo encontró mar adentro, al parecer cayó de alguno de esos yates de turistas y a nadie le importó su ausencia. Eso, o lo echaron al agua con dolo.

En su vieja lancha de fondo de cristal, que ya no llevaba turistas y solo salía al mar…

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Letras Mías

La niña y la luna. Por Pablo Saldaña

Un cuento mío, con fotos de Barry Domínguez.

Fotogrammas

CUENTO

Por Pablo Saldaña.

Fotos: Barry Domínguez.

La niña y la luna

Susana caminaba por el bosque en la noche, le gustaban los paseos nocturnos porque la mezcla entre silencio y pequeños ruidos misteriosos le permitían soñar despierta. Gustaba de caminar cerca del río para que el susurro la transportara a otras tierras, pasear cerca del acantilado para que la brisa acariciara sus mejillas, o recostarse entre la florida para que la gama de olores inundara su ser.

Una noche, mientras recorría una vereda entre álamos y abedules, se detuvo un momento, con un dejo de asombro y volteó al cielo: la luna no estaba. Empezó a caminar más lento y gritaba, llamándola: “¡¿Luna… luna… dónde estás?!”.

Así pasaron unos minutos cuando unos ruidos entre matorrales la hicieron girar; frente a ella, una sonrisa entre arbustos se manifestó y tras unos segundos salió ante ella. Era un conejo extraño, tenía…

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