Letras Mías

EL NUEVO POTRERO


Alfredo corre entre los escombros de lo que fue hasta hoy el majestuoso buque Potrero del Llano. han terminado ya de sacar todas los despojos y aun no hay rastros de vida. Unos brazos fuertes, enfundados en una chamarra amarillenta, lo detienen con fuerza. El niño gime, llora, pide le suelten para ir en busca de su padre; los brazos del bombero lo aprisionan y aprietan contra sí. Gritos que retumban por todo el muelle hielan el alma.

14 de Mayo de 1942. Las primeras noticias de la capital llegan pronto. Alfredo no sabe bien porqué, en todos sus sueños, escucha el retumbar de tambores y el andar de botas, miles de ellas, sobre los campos floridos; él sólo sueña con oscuridad y frío. Pronto descubre la razón. Entre los muertos del ataque está su padre, el pequeño llora y corre sin control hasta llegar a refugiarse bajo el rocoso altar de una iglesia cercana. Lamentos huecos y silenciosos que dicen que nada volverá a ser igual

Los años pasan, el rencor apenas si se borra, algunos investigadores sugieren que el barco nacional fue hundido por unos misiles que llevaban barras y estrellas a sus costados y no una suástica rojinegra, como le habían hecho creer diez años atrás. La duda se anida con una lógica mortuoria; entiende sus sueños, o mejor dicho, :sus pesadillas: su país formo parte de la mayor y más estúpida expresión de violencia del ser humano: la guerra.

Por eso Alfredo soñaba con tambores, trompetas y marchas militares. Poco a poco esos sueños fueron quedando atrás, callaron, se disolvieron. Sus sueños apuntaron rumbo a una nueva época.

Hoy, anuncian en la radio que un misil acaba de hundir una embarcación petrolera. En ella iba su hijo. La noticia corre por todo el país, los locutores hablan de símbolos arábigos que nadie vio. Alfredo levanta una oración al cielo, sabe lo que viene. Otra vez su terrible soñar con tamborileos aterradores y constantes y la inevitable voz anunciando la próxima salida de un nuevo Escuadrón 201. Va para defender la libertad de las barras y las estrellas

Alfredo ruega que sólo sea una alucinación suya, pero sabe, en sus adentros, que su país ha entrado al intransitable camino donde será inminentemente aplastado por el correr despavorido de cuatro jinetes demoníacos.

Sesenta y un años después, Alfredo corre, nuevamente, entre los escombros de lo que fue hasta hoy el majestuoso buque…

 

(19/03/2003)

 

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