Letras Mías

La pequeña en el suelo

La veo sonreirme, cristalina,
mientras recorro su ligera existencia
y observo el brillo en sus ojos
hace siglos por mi perdido.
 
Mientras grita y se retuerce,
entre carcajadas purificadoras,
un zapato vuela a su libertad.
Ella sólo atina a defenderse.
 
El ataque a su seriedad fingida,
a su indiferencia ante el saludo,
da frutos en forma de belleza
tangible, vestida de sonrisas.
 
Con una próspera vida por delante,
promesa de éxito, sabiduria, amor,
su corazón puro y mente brillante
continúan su derroche de candor.
 
Verla ahí, a mis pies rendida,
me llena de ternura y esperanza
de que, ahora sí, bajo sus plantas
un mundo mejor es posible.
 
Y me invita a continuar mi ofensiva
de golpecitos en la espalda y cosquillas
contra el noble ángel de la calle ocho:
la pequeña que está en el suelo.

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