Letras Mías

Dejar de ser

Despierto.
Miro a mi alrededor,
siento una opresión
singular sobre mi vientre
te veo y descubro
que ya no soy,
me has transformado
en tan solo una extensión
de tu cuerpo
en un mueble
un lugar de reposo.

Mientras me descubro
no-humano
admiro los primeros rayos
que logran meterse
tímidos por la ventana,
de un sol que anuncia
el tiempo de la retirada.
Pero duermes
plácidamente
en este colchón que alguna vez
hace tiempo
era un hombre más.

Curiosa la vida:
no te arrojé por la ventana
y ahora duermes sobre mí.

Anoche apareciste por instantes
entre las risas, los debates,
entre el mezcal y el tinto,
entre la pasta y la hierba.
Te dejabas ver apenas
entre los nuevos amigos
entre las piernas de Mariana,
silenciosa, transhumante.

Pasaron las horas
los gratos momentos
las partidas con castigo
las despedidas largas
la segunda y tercera ronda
de una comida,
tan exquisita
como el alma que la prepara.

De vez en cuando
un lobo entraba
llamando la atención de los presentes
silencioso
prudente
nos observaba y salía
a continuar con su vida.
Tu presencia era más extraña.

Y llegó entonces el sueño
recostado sobre un sillón,
cuya historia
es de vecinas y sus familias lejanas;
pero antes, broche de oro:
lectura de cartas y reconocimiento del alma
de una Desdémona
aún desconocida por el mundo
pero que ya lo alimenta
y energetiza con las letras
que corren por sus venas.
Y a dormir…

Dormir
para despertar
ya no como humano
sino ćomo un sillón
encobijado
hecho por dios para tu descanso, Chiki,
pero satisfecho
y contento
por una noche perfecta.

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