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Archive for 22 septiembre 2012

Paranoia: Un canto

Ya no puedo salir.
Hay un hombre junto a la puerta
con un impermeable
fumando un cigarrillo.

Pero

lo he anotado en mi diario
y las direcciones están todas apiladas
sobre la cama, ensangrentadas por la luz
del letrero de un bar vecino.

Él sabe que si muero
(o incluso si desaparezco)
aparece el diario y todo el mundo se entera
que la CIA está en Virginia.

Quinientas etiquetas compradas en
quinientos mostradores de tiendas, todas distintas,
y quinientos cuadernos
con quinientas páginas en cada uno.

Estoy preparado.

Puedo verlo desde aquí.
Su cigarrillo brilla
por encima del cuello de su gabardina
y en alguna parte hay un hombre en el subterráneo
sentado debajo de un anuncio de Black Velvet, pensando en mi nombre.

Los hombres me han sentenciado en cuartos secretos.

Suena el teléfono, pero solo hay un aliento de muerte.

En el bar, al otro lado de la calle, un revólver
ha cambiado de dueño en los sanitarios de hombres.
Cada bala lleva mi nombre.
Mi nombre está escrito en viejos ficheros
y buscado en las listas de la morgue.

Mi madre ha sido investigada;
Gracias a Dios que ha muerto.

Tienen muestras de mi escritura
y examinan las vueltas de las pes
y las cruces de las tes.

Mi hermano está con ellos, ¿lo sabías?
Su esposa es rusa y él
no deja de pedirme que rellene formularios.
Lo tengo en mi diario.

Escucha…
escucha
escucha por favor;
debes escuchar.

Bajo la lluvia, en la parada del autobús,
cuervos negros con paraguas negros 
simulan ver sus relojes, pero
no está lloviendo. Sus ojos son dólares de plata.
Algunos son analistas a sueldo del FBI,
la mayoría son extranjeros que invaden
nuestras calles. Los engañé
salté del autobús entre la 25 y Lex
y un taxista me miró por encima de su periódico.

En la habitación que hay sobre la mía, una anciana
colocó una ventosa eléctrica en su suelo.
Emite rayos a través de mi instalación eléctrica
por eso ahora escribo a oscuras
al resplandor del letrero del bar.

Te lo dije, lo sé.

Mandaron un perro con manchas cafés
y una radio espía en el hocico.
Lo ahogué en el fregadero y lo escribí
en la carpeta GAMMA.

Ya he dejado de mirar el buzón
Las tarjetas de felicitación son cartas-bomba.

(¡Aléjate! ¡Maldito seas!
¡Aléjate! ¡Conozco a los de arriba!
¡Te digo que conozco a la gente del poder!).

La fonda tiene suelos que hablan
y la mesera dijo que era sal, pero yo conozco el arsénico
cuando me lo ponen delante. Y el sabor amarillo
de la mostaza para encubrir el amargo olor de las almendras.

He visto extrañas luces en el cielo.
Anoche, un hombre oscuro, sin rostro, se arrastró nueve millas
entre el drenaje para salir por mi retrete,
para escuchar mis llamadas telefónicas a través de la endeble madera
con sus orejas de cromo.
Te lo digo, lo oí.

Vi las huellas de sus manos embarradas 
sobre la porcelana.

Ya no contesto al teléfono,
¿te lo había dicho?

Se proponen inundar la tierra con su suciedad.
Se proponen penetrar a la fuerza.
Tienen médicos que abogan por extrañas posturas sexuales.
Fabrican laxantes con droga
y supositorios que queman.
Saben cómo apagar el sol
con explosivos.

Yo me envuelvo en hielo… ¿sabes?
Evita sus scanners infrarrojos.
Conozco encantamientos y amuletos.
Pueden creer que me tienen, pero podría destruirlos
en cualquier momento.

En cualquier momento.

En cualquier momento.

¿Quieres un café, mi amor?
¿te dije que ya no puedo salir?
Hay un hombre junto a la puerta
con un impermeable.

Stephen King

El texto en inglés:
Paranoid-A-Chant

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Historia corriente

En los diarios de hoy
tu nombre aparece en páginas interiores
no en los titulares, jamás en la de ocho
tu nombre no merece ser gritado por los voceadores.

Eres escritora inútil
sobre las cuartillas de mi vida
tus uñas no dejaron en mi espalda cicatriz
tus besos se han borrado en la lejanía
la ropa que dejaste se fue con un veliz
a la banda de equipaje aeroportuaria
para no será reclamado nunca más por mí.

Estas hojas del pasado se han ido con el viento
las olas que se lleva el mar no volverán
eres un dato perdido en un gran libro
en una biblioteca que no abrirá jamás.
En esta noche yo te bebo y te olvido
te consagro a las líneas del adiós
en este momento mi autobiografía escribo
en la cual quizá, acaso, serás un rumor.

Mácrom

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Como tú…

Así es mi vida,
piedra,
como tú.

Como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;
como tú,
guijarro humilde de las carreteras;
como tú,
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centelleas
bajo los cascos
y bajo las ruedas;
como tú, que no has servido
para ser ni piedra
de una lonja,
ni piedra de una audiencia,
ni piedra de un palacio,
ni piedra de una iglesia;
como tú,
piedra aventurera;
como tú,
que tal vez estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y ligera…

León Felipe

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Presencia de una ausencia

Es tan fácil sentirte
tocándome el hombro
abrazada a mi cintura
bajo mi techo
en esta madrugada
en que tu sola mención me roba el sueño
mientras cierro los ojos y no te veo
mientras los abro y estás aquí
¿por qué viniste?
¿qué destino te llamó?
Sabes
me molesta tu desparpajo
de andar por ahí
recordándome a cada momento
que no andas por ahí
a cada momento
y entonces me enojo y te perdono
y entonces te extraño y te niego
abro mis oídos al sonido del viento
que trae tu voz
nítida, clara, atormentadora
tu voz de silencio
tu voz de claustro
marítimo y violento
ni qué decir de ese olorcillo tuyo
tan propio y ajeno
efluvio de lo eterno.

Hoy estás aquí
ausencia
trastornando mi vida
con tu presencia de muerto.

Mácrom

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Las hojas en otoño

Ya empiezan a caer las hojas por el otoño
de lo árboles, de los poemarios,
de las novelas y los cuentos,
se las lleva el viento.

Va quedando desnuda, poco a poco,
la realidad trastornada por ficciones
la humanidad cubierta por sermones
la imagen que lucía fuera de foco.

Van reventándose los globos de colores
las mariposas, las burbujas y las flores
caen en pedazos al igual que los tinteros
otrora escuchados, otrora sagrados.

Ríos de tinta y papel revolución
son desechados junto con los bits libres
y quedamos al final deshojados, llanos
esperando la llegada del invierno.

Mácrom

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