Letras prestadas

¡Solo!

Solo… Solo… Siempre solo,
¡siempre solo con mis penas!
Solo mientras dura el día,
solo en la noche serena,
solo cuando pienso en Dios,
solo al pensar en la tierra,
solo cuando canto alegre,
¡y solo con mi tristeza!

Solo siempre… Mas ¿por qué,
esa soledad eterna?
Es ¡ay Dios! que el alma mía
no ha hallado su compañera,
y siento que me hace falta
la mitad de mi existencia;
es que soy un pobre loco,
o la humanidad entera
es menos buena que yo,
y que su maldad me aterra;
es que el mundo me rechaza,
o que mi alma le desprecia,
porque en él, ¡ay! no ha podido
encontrar su compañera.

Es que yo adoro las lágrimas
y el mundo se ríe de ellas;
es que es mi ambición muy grande
o que mi alma es muy pequeña:
es que siempre, combatido
por encontradas ideas,
fluctúa mi pensamiento
por que la verdad no encuentra;
es que no tengo la fe
del mártir ni del poeta;
es que todos mis dolores
son despreciables miserias
que no levantan el ánimo
y que las fuerzas enervan;
es que anhelo un imposible,
delirio de mi tristeza;
es que me falta un apoyo
a que asir mi mano trémula;
es ¡ay Dios! que el alma mia
no ha hallado su compañera.

Es que me siento vencido
en esta lucha suprema,
y no hallo un amante seno
donde apoyar mi cabeza,
y a cuyo tibio calor
resuciten mis ideas;
es que veo, a mi pesar,
cerradas todas las puertas,
y solo me ofrece asilo
la muerte… Quizás en ella,
al otro lado del manto
que la eternidad nos vela,
mi alma que triste y doliente
su camino hace en la tierra,
podrá conseguir su anhelo:
encontrar su compañera.

José Campo Arana
Poeta español

Fuente: Proyecto Gutemberg

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