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Archive for 12 abril 2018

Leí hace poco en la revista Tiempo una carta
en que dos escritores jóvenes protestan
porque el premio de cuento
de la Universidad Veracruzana fue concedido
a Sergio Pitol, escritor veterano.

La protesta no es contra Pitol
(esos muchachos reconocen la calidad de sus libros)
sino contra el hecho
de que los escritores veteranos como él
se presenten a un premio que debe servir para que se conozcan
los escritores jóvenes. La carta
me dio de una vez por todas conciencia de que ya somos
los escritores veteranos. No importa
que yo sienta que aún no comienzo, que todavia me faltan
por aprender mil cosas del oficio. El hecho escueto
es que ha pasado el tiempo.
Como Tu Fu
(hace casi mil años) me pregunto
si mis amigos son ya espectros.
¿Cómo llegué hasta aqui, por cuál camino?
No acierto a responderme.

Épocas y desastres transcurrieron
desde la última vez que conversamos.
Hemos ido por todas partes sin encontrarnos.
Hace años
dejamos de escribirnos
(no sé por qué).
Pero leemos nuestros libros.
Y cuando escribo pienso
que de algún modo el diálogo prosigue.

Pasados muchos años nos hemos visto
apenas un minuto en el tumulto
de una celebración.
Sólo cruzamos
unas cuantas palabras afectuosas.

Éramos jóvenes cuando dejamos de vernos.
Pero esa noche de la celebración resultamos
amigos como entonces.

Aún está en pie el edificio incongruente,
por su modestia, en una zona de oficinas y tiendas.
Hoy el departamento de Pitol ya no existe. Es decir,
está vedado a nuestros pasos de entonces.

Entre e1 58 y el 60 mil veces
en él hablamos de Vallejo y del otro Vallejo.
Hicimos planes que jamás se cumplieron.
Publicamos revistas y colecciones efímeras.
Aprendimos que no se escribe en el vacío.
Somos el instrumento y la consecuencia
de lo que está pasando tras la ventana en la calle.

Otra lección:
dar importancia a la tarea, no al productor.
Nunca creernos “escritores”.
(Como trasfondo
siempre las carcajadas de Monsiváis y Luis Prieto).

Allí también, en ese departamento sin muebles casi,
Virginia Woolf, Henry James, E. M, Forster.
Y por supuesto Borges. Paz. Carpentier y Neruda.
Y dos entonces desconocidos en México:
Julio Cortázar y Juan Carlos Onetti.

Algo salió de aquellas tardes en apariencia perdidas.
Y, contra todo, somos lo que queríamos ser entonces.

José Emilio Pacheco

 

 

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