Letras prestadas

El Afilador

A Laura Rodig

Ya viene el afilador
tocando su caramillo…
¡Ah, decidle, por favor,
cuánto su dulce estribillo
viene a aumentar mi dolor!

En esta triste calleja
oscura, sola y torcida,
con sus aleros de teja,
¿quién puede ganar la vida?
¡Que cierren pronto la reja

no vaya por ella a entrar
buscando a la Rosalía
para ver y preguntar,
como lo hizo el otro día,
si hay tijeras que afilar!

No quiero en el corredor
de mi triste patiecillo
volver a oír el rumor
de su alegre caramillo;
¡ved que no entre, por favor!

Este artista callejero
que usa flotantes corbatas,
un exótico sombrero,
blusa de dril y alpargatas,
es un pálido extranjero

que mientras toca y camina
su afilador arrastrando,
nunca, al pasar, adivina
que ese son que va tocando
es un son que me asesina…

En otras calles hermosas
más suerte pudiera hallar…
En el mercado de rosas
las tijeras de podar
preciso es que estén filosas…

Y allá en las callejas bajas,
en tiendas y prenderías
llenas de curros y majas
que riñen todos los días,
siempre hay que afilar navajas…

Pero aquí, en esta escondida
callejuela silenciosa,
donde la yerba crecida
se mece triste y polvosa…
¿Quién puede ganar la vida?

¡Ya es demasiado su empeño
en pasar junto a mi reja!
hasta en medio de mi sueño
oigo la burlona queja
de su airecillo risueño…

Ya viene el afilador
tocando su caramillo…
¡Ay, decidle, por favor,
que afile pronto un cuchillo
con que matar mi dolor!

María Enriqueta Camarillo y Roa (mexicana).

 

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